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Blog - Cilab Digital

Número versus calidad: ¿quiénes son los microinfluenciadores?

Twitter comenzó hace poco un proceso de desactivación de cuentas fantasma. A este proceso se han unido poco a poco otras redes sociales, con el fin de dejar solamente cuentas reales. A pesar de esta erradicación, muchas de ellas sobrevivieron, y por lo mismo, algunos usuarios que hicieron compra de seguidores anteriormente continúan teniendo su número de followers bastante inflado.

No es un secreto que en poco tiempo volvieron a crearse nuevas cuentas de ese tipo para suplir ese bache, y podemos comprobarlo nosotros mismos cada vez que tenemos un seguidor nuevo: al recibir la notificación entramos a su perfil y comprobamos que no tiene avatar ni publicaciones y que su cantidad de seguidores es muy mínima, o incluso nula.

Nos encontramos con que, cuando alguien tiene muchos seguidores, nos genera confianza o tiene mayor estátus a nuestros ojos, sin saber que muchos de esos seguidores son seguidores fantasma y se han obtenido gracias a la compra.

La pregunta real es: ¿qué significa para nosotros que alguien tenga tantos seguidores? Muchos responderían que es una buena cantidad; que, de entrada, da mucho alcance: una publicación realizada desde esa cuenta será vista por miles de personas.

Pero, ¿quién más vende el alcance de esa publicación? ¡la misma red social! Y te costará, seguramente, mucho menos que haciendo la compra de esos seguidores o cuentas fantasma. Contratar a alguien como influenciador debe hacerse por su talento o por lo que representa, por quién es, por su capacidad de entrega.

En una época en la que existen hasta bots para hacer comentarios automáticamente, ninguna red está a salvo. Los seguidores son solamente una muestra de belleza digital; comprar seguidores es mejorar la apariencia: verse más importante, más imponente; buscar que nos ofrezcan más cosas. Y sí, es muy posible que se logre; en general, el número de seguidores que una cuenta tenga efectivamente llama la atención. Hay que tener presente, sin embargo, que apariencia no es sinónimo de calidad: el factor clave en el éxito de un influenciador es su alcance; su viabilidad comercial.

Las marcas hoy en día están comenzando a enfocarse en una tendencia creciente: los microinfluenciadores. Son aquellos que cuentan con un número de seguidores más pequeño, cuyo nicho y audiencia están mejor segmentados, y el seguimiento de sus likes y comentarios es más fácil de hacer, pues llegan de manera orgánica y son reales.

Son precisamente los microinfluenciadores quienes ya tienen construida una audiencia de confianza que tiene lo que una marca está buscando: fidelidad.

Es mucho más importante contar una historia que venderle a la audiencia; los microinfluenciadores saben cómo construir relaciones duraderas y cercanas con sus seguidores precisamente gracias a sus historias. Es ahí cuando los seguidores se disponen a escuchar: cuando están dispuestos a compartir con ellos las historias de las marcas. ¿Lo positivo? Cobrarán menos que un influenciador, harán el trabajo con mucha más pasión y atraerán gente real y cercana al contenido que se quiera promocionar. Si el mensaje que se va a entregar está bien hecho, logrará tener alcance por sí solo; y, si así no es suficiente, ese dinero ahorrado en el pago al influenciador puede destinarse a una buena pauta.

Lo que hace que los influenciadores sean buenos no es su número de seguidores; es su talento y profesionalismo. ¿A cuántas personas se las contrata no por su profesionalismo, sino por los números que se ven en sus redes? ¡Llegó el momento de tomar decisiones inteligentes! Un microinfluenciador puede ser la solución que estás buscando… y, si no, acude siempre a una pauta bien segmentada.

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